By

La ruta al Faro de Albir, en el parque natural de la Serra Gelada, es una de los itinerarios más bellos del litoral alicantino. Se trata de una pequeña sierra a caballo entre Benidorm, Altea y Alfàs del Pi, que ofrece al visitante la posibilidad de realizar una alternativa senderista individual y aventurera, muy apropiada para toda la familia, en donde se puede recorrer los acantilados junto al faro, las sendas de montaña con vistas al mediterráneo, y alguna que otra cala donde saciar el calor cuando el tiempo lo permite, amén de conocer el famoso Faro de la Punta de Albir.
Este sendero litoral dispone de un área recreativa con sombras a lo largo de toda la ruta, además encontraremos algunos bancos donde podremos descansar. En toda la ruta no hay fuentes por lo que se recomienda llevar agua para saciar nuestra sed, así como una gorra o sombrero, y una pequeña cámara de fotos y prismáticos para disfrutar de las vistas sobre el mar. Se puede ir con perro siempre que vaya atado.
Para dejar el coche en el inicio de la ruta verde, debemos ir a la playa de l´Albir, que pertenece al municipio de Alfás del Pi, y acercarnos al comienzo del Paseo de las Estrellas, en donde está la Oficina de Turismo. Desde aquí un cartel nos indica la dirección que debemos tomar para subir unos 800 metros de calles hasta donde se encuentra un amplio aparcamiento de tierra.
La tranquila villa mediterránea cuenta, entre sus muchos atractivos, con hermosas playas e impresionantes acantilados sobre el mar mediterráneo. La ruta hasta el Faro forma parte de la Serra Gelada, macizo montañoso que se extiende a lo largo de seis kilómetros declarado parque natural por la Generalitat Valenciana.
Desde aquí tomamos la ruta verde que es solo para senderistas y bicicletas y enseguida pasaremos cerca de un área recreativa con mesas y pinos que dan sombra. Un panel informativo nos explica la ruta a realizar y sus puntos de interés. No muy lejos de este punto nos encontramos con el primer  mirador con bellas vistas hacia la bahía, el Puig Campana, la Sierra de Bernia y el Peñón de Ifach, en Calpe. Una progresiva subida nos sitúa en un segundo mirador, tras el cual cruzamos un túnel excavado en la roca para acceder a un sector agreste desde donde vemos ya claro al fondo el Faro de Albir. El camino está asfaltado, perfectamente señalizado y es cómodo para ir con cochecitos de bebes o niños pequeños. Desde el túnel el camino es algo más amplio y hace unas revueltas para salvar un barranco con bellas vistas de la Cala del Metge, la Cova del Bou y la antigua Mina de Cobre, que según los estudiosos fueron utilizados por los fenicios y romanos, para más tarde, en los años cuarenta del siglo XX, explotarla durante 30 años por los oriundos de Alfas del Pi, hasta que se cerró.
La mencionada Ruta comienza en el área recreativa situada en el inicio del camino viejo del faro ofreciendo a lo largo del mismo diversos puntos de interés como la Cala del Metge, y dos miradores desde donde se divisa una completa panorámica de la Bahía de Altea. También podemos ver la Cova de Bou a la que se accede por una senda agreste, así como los restos de una antigua mina de ocre en una cala muy frecuentada por embarcaciones de recreo durante los meses del verano. Por último, se llega al faro costero, -aún en funcionamiento-, donde hay unos restos de la antigua torre vigía que datan del siglo XVII.
Al arma, al arma, reza el pequeño cartel informativo sobre esta vieja torre de vigía que data de los siglos XVI al XVIII, en el que las calas de la Serra Gelada y las islas de Benidorm y L´Olla de Altea eran refugio de piratas y corsarios. Para avistar los barcos enemigos se construyeron atalayas como las que hay junto al faro. Esta vieja torre Bombarda recibe su nombre de una pieza de artillería, la bombarda, que era un arma de fuego parecida al cañón pero de dimensiones más reducidas.

Aquí, en la falda de la Sierra Gelada -cuyo nombre se debe a la antiquísima extracción de ocre en la zona- aún podemos ver resquicios de aquellas civilizaciones mediterráneas que trabajaban la tierra con frutales, huertas y la extracción de metales. Cerca veremos una gran cavidad: la Boca de la Balena, la cual se puede visitar. Seguidamente el camino baja un rato y vuelve a subir hasta llegar a la verja del Faro, punto final de la ruta, junto al cual se encuentran los restos de una antigua y vetusta torre de vigilancia que servía para labores de vigía contra la invasión de flota morisca o corsaria, en busca de víveres o lugares para el saqueo.
Si caminamos por los alrededores del Faro debemos hacerlo con respeto y atentos al terreno ya que es zona de acantilados verticales, algunos de cierto peligro. Desde aquí puede apreciarse una vista inigualable de esta parte del Mediterráneo, así como de la Bahía de Altea, que recompensan con creces el haber efectuado el desplazamiento hasta allí. El torreón vigía del Albir es uno de los símbolos más importantes del municipio y, por ello, da nombre al premio que se entrega en el Festival de Cine de L’Alfàs del Pi, el Faro de Plata.

El actual faro está junto a una vieja torre de vigilancia cuya principal intención fue siempre marcar la entrada al puerto de Altea, con una gran actividad comercial, ya que la zona era fondeadero seguro para los barcos, tanto pesqueros como de recreo. Su primera luz se vio en el horizonte el último día del mes de abril de 1863. Sufrió un incendio en 1914, y fue declarado Bien de Interés Turístico en  1985. Alacenas, baúles metálicos para queroseno, mueble, fotografías…  es lo que podemos ver en su interior, además de  conocer las estancias en las que vivían los antiguos fareros y poder recrear la dura vida que estos llevaban. En las demás estancias se han recuperado las vigas de maderas y se ha mantenido el suelo original de azulejo y mosaico en las dos viviendas simétricas.

El regreso lo podemos hacer por el mismo lugar ya que solo nos quedarán otros 2,5 kilómetros hasta el parking donde seguramente se encuentra nuestro vehículo. La ida y vuelta de este paseo no nos llevará más de 1 h 45′, aproximadamente.

About the Author

Rafael Calvete Álvarez de Estrada (Madrid, 1952), en un profesional de la fotografía y del periodismo especializado en el mundo de los viajes con más de treinta años de experiencia. Fue corresponsal de guerra y enviado especial de varias agencias de prensa internacionales y diferentes publicaciones europeas y americanas. Trabajó en TVE en la redacción del País Vasco hasta que decidió dejarlo para ser un simple reportero free-lance. En más de seis ocasiones ha dado la vuelta al mundo con el único propósito de conocer y visitar lugares que ha creído interesantes para la publicación de sus trabajos, con media docena de libros propios y otros tanto en colaboración con otros fotógrafos y escritores. Sus trabajos han sido publicados en revistas y periódicos de todo el mundo, tales como Geo, Viajar, Ronda Iberia, Rutas del Mundo, GeoMundo, Paraísos, Aventura, Navegar, Futuro, Gente y Viajes, Los Aventureros, Volvo Magazine, etc., y las secciones de viajes de El País, El Mundo, La Vanguardia, El Sol...