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  La localidad alicantina de Calpe, situada en la Marina Alta, es una pequeña ciudad abierta al turismo desde hace más de medio siglo, con modernos edificios, hermosas playas, amplias avenidas y tranquilas calles en donde los visitantes se funden con un pueblo marinero orgulloso de su pasado y sus tradiciones.  La población de esta pequeña ciudad se extiende alrededor de una amplia y suave bahía en cuyo extremo norte se alza la impresionante mole del Peñón de Ifach,  declarado Parque Natural por la Comunidad Valenciana. Su hermosa bahía se cierra por el sur con el Morro de Toix, un pequeño cabo que se adentra en un mar azul turquesa formando acantilados y calas como la de Gasparef y Manzanera, que son únicas en esta parte del Mediterráneo. Y,  por si esto fuera poco, cuenta con dos hermosas playas de arena fina, muy solicitadas por el turismo convencional que, año tras año, se ven invadidas por viajeros venidos de todos los rincones de Europa.

Me refiero a las playas de La Fossa y Levante, así como la   del Arenal-Bol, en donde podemos encontrar lugares tan interesantes como los Baños de la Reina, o «Banys de la Regina», muy cerca de donde se descubrió no hace mucho la existencia de una antigua mansión de tinte aristocrático de la época romana. Se cree que se trataba de unos baños árabes, destinados al deleite de una reina mora. Sin embargo, los especialistas apuntan que, seguramente, debió de ser una pequeña factoría romana dedicada a la cría de peces, o a la elaboración del galum, que son las conservas o salazones de algunos pescados. En medio de ambas playas está el baluarte de la ciudad de Calpe con un pequeño pero interesante casco antiguo lleno de rincones que merece la pena visitar. Una vez en su interior del pueblo, donde habrá que ascender hasta lo más alto, es decir hasta su casco antiguo, en el que podremos pasear por típicas calles marineras del barrio morisco del Arrabal.

Enseguida nos topamos con el conjunto monumental formado por el Torreón de la Peça, del siglo XVIII, las Murallas y la Iglesia Vieja, único ejemplar de estilo gótico mudéjar en esta Comunidad que se construyó en el siglo XV. Pero, además de estos bellos tesoros arquitectónicos, encontramos una serie de museos de gran interés, tales como el Arqueológico, el del Coleccionismo y el Museo Fester, en el que hay una muestra de la indumentaria tradicional de las populares fiestas calpinas. Algo más alejada del centro de esta zona antigua se encuentra la ermita de San Salvador, que data del siglo VIII, y desde donde se domina toda la Bahía de Calpe.

  Una vez que hemos realizado el esfuerzo de ascender hasta su pueblo viejo, de pasear por sus estrechas calles y de haber visitado museos y otros edificios de esta parte de la ciudad, nada mejor que practicar el turismo gastronómico, es decir, buscar un bonito bar o restaurante donde poder llevarnos algo al estomago. Aquí, al igual que en la zona portuaria y de playas, existen infinidad de lugares donde poder elegir el menú que deseamos probar este día. La cocina local de Calpe se basa en los productos autóctonos de la tierra, básicamente arroz  y pescados que producen sabrosas combinaciones. Entre algunas de estas especialidades destaca el puchero de pulpo, el arroz con marisco y, por supuesto, la popular y sabrosa paella valenciana que en cada rincón de esta tierra se prepara de mil maneras.

Su puerto, tanto el deportivo donde está el bonito Real Club Náutico de Calpe con hermosos veleros y motoras de todos los tamaños y diseños, como el pesquero con una de  las flotas más importantes de la zona, goza de buena fama en toda la región, y hasta él acuden a diario gentes  deseosas de conocer a los lugareños y de contemplar la llegada de los barcos de pesca seguidamente de la subasta de pescado. Como nota informativa diré que la jornada de esta gente del mar comienza a partir de las cuatro de la madrugada, hora en que una persona conocida como “el tocador” se encarga de despertar a los marineros en sus casas. A las cinco, aproximadamente, salen del puerto los barcos con su tripulación a bordo, y ya no regresan hasta pasadas doce horas, es decir sobre las cuatro o cinco de la tarde. La subasta de pescado, que data de tiempos de los fenicios y romanos, y que se celebra de lunes a viernes a partir de las cinco de la tarde en la Lonja del puerto de Calpe, es algo que merece la pena contemplar.

Y llegamos al Parque Natural del Peñón de Ifach, un inmenso istmo rocoso que cuenta tan sólo con 45 hectáreas de extensión, sin embargo, alberga uno de los parajes naturales más bonitos y originales del Mediterráneo.

Se podría decir además que se trata del símbolo indiscutible de la Costa Blanca alicantina, y por tanto de la Comunidad Valenciana. La entrada a este Parque es libre, sin embargo, no pueden entrar más de 500 personas al día. Durante el verano, habrá que esperar turno en el Centro de Recepción e Información del Visitante con el único propósito de forma pequeños grupos para poder llegar hasta su cima.

Para ascender al Peñón de Ifach hay que dejar atrás el mencionado Centro y en seguida llegaremos a las cercanías de unas antiguas excavaciones y restos de primitivos asentamientos que hubo en este lugar, como lo demuestran los vestigios encontrados de los fenicios, romanos y visigodos. Continuando por el camino se accede a la vertiente opuesta a través de un túnel de unos cien metros de longitud, excavado en la roca a principios del siglo XX. Una vez pasado este túnel habrá que tener bastante más cuidado, sobre todo de mirar donde se pisa, ya que la subida se va haciendo cada vez más complicada. 

Cuando hemos llegado a la cumbre, es decir al Mirador de la Torre, que está a 320 metros de altura, podremos contemplar una de las más bellas panorámicas de Calpe y sus alrededores, desde cuya cima también es posible divisar, si la climatología lo permite, la bahía de Altea y la Serra Gelada que une Albir con Benidor a través de una hermosa montaña, el gran macizo del Montgó, situado entre Jávea y Denia, así como las altas torres de hormigón construidas en la localidad de Benidorm, que se encuentran a unos 20 kilómetros de distancia de Calpe.

 La historia de este lugar nos cuenta que en tiempos de los iberos ya se conocía, tanto el Peñón de Ifach, en Calpe, como el de Gibraltar, situado al sur de la península Ibérica. Y, la teoría más extendida sobre el verdadero origen de este hermoso lugar dice como Hércules Tebano y sus argonautas, allá por el siglo XIII a. de Cristo, al contemplar lo que hoy es el Peñón de Ifach, lo compararon con el de Gibraltar, llamado entonces Calpe del Sur, y a la vista de la gran semejanza decidieron bautizarlo con el mismo nombre, es decir, con el nombre de  Calpe.

Durante mucho tiempo, hasta el año 1862, el Peñón de Ifach perteneció al municipio de Calpe, que es cuando se lo vendió a un particular, pasando así a manos privadas. Más tarde se transfirió a diferentes propietarios, hasta que finalmente lo adquirió la Generalitat Valenciana, algunos años antes de su declaración como parque natural. Posee en su interior una rica y variada fauna y flora, con un paisaje que es único en esta parte de la costa mediterránea.

Tanto la flora como la fauna del Peñón son dignas de mención por la amplia variedad de comunidades que aquí aparecen. Lo mismo que ocurre en su base, es decir, en la parte que se encuentra bañada por el mar, donde según la profundidad y las características de la roca, aparecen líquenes, algas, y peces diversos, además de algunas comunidades marinas de mayor interés ecológico: el coral mediterráneo, que se localiza en las grietas de sus paredes submarinas, y los algueros, que se extienden por los fondos de arena y grava fina de sus inmediaciones. Sin embargo, el Peñón de Ifach también se enriquece con el espacio marino propiamente dicho que habita en sus aguas más cercanas, donde es muy fácil contemplar peces  de cierta envergadura como es el caso de meros, doradas,   morenas, lubinas, y algunas que otras más pequeñas. 

Durante mucho tiempo, el Peñón de Ifach fue un punto de referencia muy importante para los navegantes que se movían por esta parte del Mediterráneo, al igual que para mucha gente de tierra adentro, quienes vigilaban siempre el mar circundante por temor a las incursiones de los piratas. En casos extremos constituyó también un refugio inexpugnable frente al ataque de otros pueblos venidos de países vecinos, y sobre todo de aquellos que llegaban del norte de África y de Turquía.

En su cima, aún son visibles los restos de una torre vigía que fue utilizada en una época en la que todavía no existía el túnel de acceso que atraviesa el peñón de norte a sur, por lo que ascender hasta este punto suponía una auténtica aventura, en cuanto a escalada se refiere .

Frente al Peñón de Ifach aparecen los restos de unas viejas salinas de Calpe, muy populares y fructíferas en su día y, aunque hoy ya han dejado de funcionar como tal industria, constituyen un paraje ecológico de gran interés. Sus aguas saladas, así como entre la variada vegetación que hay repartida por toda ella, albergan a un gran número de aves migratorias, entre las que se encuentran  flamencos y gaviotas, y, en ocasiones podremos contemplar a pelícanos, cigüeñas y cigüeñuelas, además de diferentes tipos de patos y aves marinas.

Y, no muy lejos de aquí, encontramos una serie de valles y verdes colinas, desde las cuales, en contadas ocasiones, se puede contemplar las mejores puestas de sol de esta zona del Mediterráneo, siempre con el Peñón de Ifach como telón de fondo, o simplemente como un  protagonista más de esta historia.

Para finalizar solo decir que en esta impresionante mole de roca granítica existen unas 300 especies vegetales, de las que algunas son endemismos, al igual que un número importante de fauna, además de centenares de gaviotas revoloteando por todos sus rincones. Es por ello, que el Peñón de Ifach es un recurso natural por excelencia, el cual contribuye a que la populosa y turística población de Calpe se destaque todavía más de los otros destinos costeros en esta parte del Mediterráneo.

Texto y Fotos: Rafael Calvete Álvarez de Estrada

About the Author

Rafael Calvete Álvarez de Estrada (Madrid, 1952), en un profesional de la fotografía y del periodismo especializado en el mundo de los viajes con más de treinta años de experiencia. Fue corresponsal de guerra y enviado especial de varias agencias de prensa internacionales y diferentes publicaciones europeas y americanas. Trabajó en TVE en la redacción del País Vasco hasta que decidió dejarlo para ser un simple reportero free-lance. En más de seis ocasiones ha dado la vuelta al mundo con el único propósito de conocer y visitar lugares que ha creído interesantes para la publicación de sus trabajos, con media docena de libros propios y otros tanto en colaboración con otros fotógrafos y escritores. Sus trabajos han sido publicados en revistas y periódicos de todo el mundo, tales como Geo, Viajar, Ronda Iberia, Rutas del Mundo, GeoMundo, Paraísos, Aventura, Navegar, Futuro, Gente y Viajes, Los Aventureros, Volvo Magazine, etc., y las secciones de viajes de El País, El Mundo, La Vanguardia, El Sol...