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La Provenza es una bonita región del sudeste de Francia que limita con Italia y el mar Mediterráneo. Además de ser famosa por sus diversos tipos de paisajes, desde altas montañas en los Alpes a los valles de La Camarga, sin olvidar los hermosos campos de viñedos y olivos, y los bosques de pinos y extensos prados de lavanda. Y, al sur de esta región aparece la Costa Azul (o Riviera Francesa), donde las elegantes y glamorosas ciudades de Niza, Saint-Tropez y Cannes, entre otras, bordean una de las costas más marchosas del Mediterráneo.

Pues bien, entre los pueblos más curiosos de La Provenza destaca Sault, también conocido como el pueblo de la lavanda, donde encontramos campos kilométricos de color púrpura entre otras maravillas de la Naturaleza. Ya en el siglo XIX esta región ha sido conocida por el cultivo de la lavanda, por lo que se ha convertido en un lugar de peregrinaje en donde poder ver y entender la esencia de esta hermosa planta aromática. Sus campos se pueden recorrer en bicicleta, en coche, o caminando, a la vez que visitamos algunas de sus granjas, así como el Museo de la Lavanda, o una Destilería de plantas aromáticas, entre otras cosas de interés…y en agosto su famoso Festival de la Lavanda.

No muy lejos de aquí encontramos Ménerbes y encaramado sobre una colina descubrimos el pequeño pueblo de Luberon donde vivieron algún tiempo artistas como Pablo Picasso y Nicolas de Straél…o el célebre escritor Peter Mayle que escribió Un año en La Provenza. Pero además decir que Ménerbes tiene más cosas que contar, desde su pasado prehistórico con el Dolmen de la Pichone que es único en esta zona, hasta su pasado románico como podremos ver en la Abadía de St Hilaire. Y, como no, el Museo de Sacacorchos, que cuenta con más de 1.000 muestras diferentes de esta pequeñas herramientas para abrir botellas de vino y que fue inventada en el siglo XVII por un francés; como no podía ser otro. 

Dos son las grandes ciudades que destacan en esta hermosa región francesa: Aviñón y Arlés, y aunque existen otros bonitos e interesante lugares de interés hablaremos de ellas por ser las más conocidas internacionalmente. 

De Aviñón (Avignon en francés) podríamos decir que es una pequeña ciudad de provincia situada a orilla del Ródano. Una ciudad sometida por unas murallas romanas que la han guardado y protegido desde tiempos remotos. Poco más de 90.000 personas son las que pueblan esta capital del departamento de Vaucluse en la región de La Provenza, y se la conoce entre otras muchas cosas por su festival veraniego de teatro y por sus excelentes y no demasiado baratos caldos, más conocidos como Chateauneuf du Pape. ¡Con el clero hemos topado! Pues sí, la bella fortaleza, el precioso palacio papal, los viñedos, las torres de sus iglesias, sus monumentos antiguos y modernos… casi todo esto perteneció a aquellos señores de Roma.

De todos es sabido que Aviñón fue residencia de algunos Papas desde 1309, cuando esta ciudad se encontraba bajo el gobierno de los reyes de Sicilia pertenecientes a la Casa de Anjou. Diez años más tarde el papa Clemente VI compró una residencia a la reina Juana I de Sicilia, y así Aviñón permaneció como propiedad papal casi 50 años cuando ésta fue incorporada a Francia durante la Revolución francesa.

El palacio papal, o Palais des Papes es, tal vez, una de las más grandes construcciones góticas de la Edad Media, de un tamaño tal que casi hace pequeña a su Catedral. Sus muros alcanzan más de 5 metros de grosor por lo que se trata de un monumento impresionante que se asienta en la plaza y que lleva el mismo nombre. Este basto monumento comprende dos palacios: el Viejo (Palais Vieux), de Benedicto XII, y el Nuevo (Palais Neuf), de Clemente VI.

Dicho edificio se comenzó a construir en 1316 popr Juan XXII y continuó con los papas posteriores a lo largo del siglo XIV hasta que se finalizó 66 años después. Lo decoraron lujosamente artistas de la época como Simone Martini y Mateo Giovanetti. Después de regresar a Roma la corte papal fue utilizada como simples barracas aunque actualmente es un rico y muy visitado museo. Por debajo de este destacado edificio gótico se encuentran el Petit Palais en el lado occidental de la plaza y la Catedral de Notre-Dame-des-Doms de estilo románico y que está al norte del Palacio de los papas.

Pero Aviñón no es sólo un centro administrativo sino también un escaparate artístico y cultural de primer orden. Es una villa protegida, como lo demuestra la declaración que en 1995 otorgó al centro de esta urbe la UNESCO invitándola a formar parte del Patrimonio de la Humanidad.

Su famoso puente, también conocido como el Puente de San Benézet, fue construido entre 1171 y 1185, con una longitud original de casi 900 metros. Se trataba de un famoso pueste medieval sobre el  Ródano  que cruzaba desde esta ciudad hasta Villeneuve-lés-Avigñon, en el sur de Francia. Y digo se trataba porque desde el año 1660 fue arrastrado por la crecida del propio río y a día de hoy poco queda de él.

Según la leyenda, su construcción fue inspirada por el propio santo, que no era otro que un niño pastor local al que los ángeles mandaron construir. Aunque al principio este personaje fue ridiculizado, «probó» su inspiración divina alzando milagrosamente un enorme bloque de piedra que movió de un sitio a otro con sus propias manos. Después de su muerte, fue enterrado en el propio puente, en una pequeña capilla que permanece en una de las pilastras que sobrevivieron del original puente, ya en el lado de Aviñón.

Y, decir también que aquel puente tuvo una gran importancia estratégica en su época pues era el único que cruzaba el Ródano entre Aviñón y el mar Mediterráneo. Además, también era la única manera de cruzar por el río Ródano entre el Comtat Venaissin, un enclave controlado por el Papa, y la propia Francia bajo la autoridad de los reyes de ese país. Como tal, era seriamente guardado en ambos lados del río. La orilla izquierda, que era controlada por la corona francesa, estaba dominada por una formidable fortaleza de la Tour Philippe le Bel y la ciudadela de Villeneuve-les-Avignon. 

Pero también esta ciudad cuenta con el famoso Festival de Aviñón (que inició su andadura como Festival de Teatro de Aviñón) y que es un festival de artes escénicas que fue fundado por Jean Vilar en 1947. Está considerado como el más antiguo y célebre de Francia y uno de los de mayor tradición y raigambre en Europa, cuyas representaciones tienen lugar cada año en el mes de julio.

Cuenta con algunos establecimientos hoteleros de prestigio y de gran calidad en los que se disfruta de una atención excelente pero con unos precios un poco elevados. Existen también hoteles de menor categoría con precios más ajustados. Y si lo que se busca es pagar poco lo más recomendable es dirigirse a los hoteles de las grandes cadenas hoteleras aunque lo malo es que se sitúan en la periferia y sin coche se hace un poco más complicado la comunicación.

   El mercado “Les Halles”, o Mercado Central de Aviñón se encuentra ubicado en la Plaza de Pie que data del siglo XVI. Al principio era un simple mercado de verduras y productos de la tierra y en la parte trasera se vendía el cuero, pero en 1897 la ciudad decide tener un edificio un poco más moderno para albergarlo. Para su construcción tuvieron que destruir una manzana de casas en la parte sur de dicha plaza, así como los restos de la cofradía de San Juan de Jerusalén y una parte de sus torres. Tiene una estructura de hierro forjado que estuvo muy de moda durante su inauguración en 1899, la misma época en la que en París se construyó la Torre Eiffel.

Hay un dicho muy popular en Francia: ¿Los mercados? son todo el “arte de vivir”, al menos en esta parte del país. Por la mañana, todos los días de la semana a partir de las siete, no podemos dejar de pasear por él para ver sus productos frescos que los profesionales ofrecen a sus clientes. Se trata de un edificio con una fachada cubierta toda ella de hiedra verde, y en cuya planta baja se reúnen unos cuarenta vendedores que son los auténticos embajadores de este lugar: frutas, verduras, pescados y mariscos, panes y bollerías, embutidos y quesos, condimentos y especias, aceites de oliva, y otras especialidades culinarias típicas de La Provenza se pueden comprar en este curioso y original lugar de Aviñón.

En cuanto a la ciudad de Arles señalar que se trata de una urbe muy estratégica, con múltiples paisajes, situada en el corazón de La Provenza, en el departamento Bouches du Rhône (Bocas del Ródano). También es conocida como la Puerta de La Camarga, uno de los parajes naturales más bonitos de Europa con una flora y una fauna excepcionales. En seguida se aprecia que es una ciudad antigua, fundada por los griegos en el siglo VI A.C. bajo el nombre de Theline, y que fue conquistada por los celtas saluvios en el 535 a.C, quienes le cambiaron el nombre por el de Arelate. Está situada junto al cauce del Ródano en las puertas del delta del Ródano.

También hay que recordar que llegó a su máximo apogeo durante los siglos IV y V, cuando era frecuentemente utilizada como cuartel para los emperadores romanos durante las campañas militares. Más tarde se transformó en la ciudad favorita del emperador Constantino el Grande, quién construyó baños termales en ella, de los cuales aún se mantienen restos importantes, así como un anfiteatro y un circo romano.

En el siglo XIX, con la llegada del ferrocarril y la tranquilidad que ello produjo a la ciudad de Arlés atrajo al pintor Vincent van Gogh quien se instaló ahí en febrero de 1888. La fascinación de este artista por los paisajes provenzales y los colores de su naturaleza le dio pie para producir más de 300 pinturas y dibujos durante su estancia en ella. Muchas de sus más famosas pinturas fueron realizadas allí, como es el caso de Café de Noche, la Casa AmarillaNoche Estrellada sobre el Ródano, y L’Arlesienne…entre otras. Al poco tiempo de llegar, su gran amigo Paul Gauguin le visitó  y pasó una temporada con él. Poco a poco, la salud mental del artista holandés se deterioró y se convirtió en una persona muy excéntrica.

Aunque la mayoría de la gente cree lo contrario, no fue van Gogh el que se cortó la oreja, ya que la mutilación de su órgano auditivo fue producto de un malentendido con Gauguin, que acabaría marchándose de La Provenza por el miedo que le provocaron los trastornos de su amigo. La disputa con Van Gogh sobre una nueva obra culminó con el desgraciado incidente en diciembre de 1888, y los ciudadanos de Arlés emitieron, por aquellas fechas, una petición para que Vincent van Gogh fuese internado en un asilo.

Pero ya es el turno de hablar de esta bella ciudad francesa, que  además dispone de un original recinto en donde se celebran algunos festejos taurinos y que se conoce como Las Arenas de Arlés. Me refiero al circo romano que data del año 120 D.C., y que es utilizado también como plaza de toros. Este lugar viene aprovechándose desde 1.830 y en su arena se celebró la primera corrida de picadores sesenta años después. Sin embargo, la primera corrida tradicional de toros tuvo lugar en la plaza de Arlés el 10 de julio de 1853. 

También cuenta con un teatro y un anfiteatro romano que son espectaculares, así como una zona vieja llena de callejuelas repleta de tiendas, bares y restaurantes repletos de gente venida de todos los lugares del mundo. Estaba oscureciendo y se acercaba la hora de cenar por lo que pronto localizamos un bar con terraza muy acogedor, con mucha marcha, donde picamos algo acompañado de un buen vino francés, y si a ello añadimos que se estaba celebrando la noche de la música, pues os podéis imaginar como pudimos disfrutar. Actuaba en ese lugar un grupo de jazz que era fantástico y al finalizar dimos un paseo por el centro de la ciudad lo que fue suficiente para comprender que aquí sí que se disfruta de lo lindo.

Pero no olvidemos que Arlés es además una de las principales puertas de entrada a la región de la fascinante y bella Camarga francesa (La Camargue). Un mundo aparte en el delta del Ródano, donde se entremezclan las aguas dulces con las saladas del Mediterráneo. Con 48.000 hectáreas de humedales, arrozales, lagunas, marismas y salinas, esta reserva fue declarada parque nacional en 1970 gracias a su valor natural y a la riqueza y diversidad de su fauna. Esta zona del sur de Francia es también célebre por tener la colonia de flamencos rosas mayor de Europa y por sus caballos salvajes de color blanco y sus toros bravos…

   Texto: Elisabeth Norell Pejner 

   Fotos: Rafael Calvete Álvarez de Estrada      

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Rafael Calvete Álvarez de Estrada (Madrid, 1952), en un profesional de la fotografía y del periodismo especializado en el mundo de los viajes con más de treinta años de experiencia. Fue corresponsal de guerra y enviado especial de varias agencias de prensa internacionales y diferentes publicaciones europeas y americanas. Trabajó en TVE en la redacción del País Vasco hasta que decidió dejarlo para ser un simple reportero free-lance. En más de seis ocasiones ha dado la vuelta al mundo con el único propósito de conocer y visitar lugares que ha creído interesantes para la publicación de sus trabajos, con media docena de libros propios y otros tanto en colaboración con otros fotógrafos y escritores. Sus trabajos han sido publicados en revistas y periódicos de todo el mundo, tales como Geo, Viajar, Ronda Iberia, Rutas del Mundo, GeoMundo, Paraísos, Aventura, Navegar, Futuro, Gente y Viajes, Los Aventureros, Volvo Magazine, etc., y las secciones de viajes de El País, El Mundo, La Vanguardia, El Sol...